Hay recetas que parecen mucho más complicadas de lo que realmente son, y este pollo cremoso al ajo y vino blanco es una de ellas. Es de esas comidas que puedes preparar cualquier día de la semana, pero que también quedan espectaculares cuando tienes invitados y quieres servir algo especial sin pasar horas en la cocina.
El secreto está en una salsa cremosa, llena de sabor, con bastante ajo, vino blanco, tomillo fresco y queso parmesano. Y lo mejor es que todo se prepara en una misma sartén, aprovechando el sabor que dejan las pechugas de pollo al dorarse.
Esta es una de esas recetas que definitivamente merece un espacio en tu repertorio de doña. Sírvela con puré de papas, pasta o arroz blanco, porque esa salsa no se puede desperdiciar.
Pollo cremoso al ajo y vino blanco
Ingredientes
* 1½–2 lb de pechuga de pollo, cortada en escalopines
* 1 cdita de hierbas italianas
* 1 cdita de ajo en polvo
* 1 cdita de cebolla en polvo
* 1 cdita de pimentón en polvo (paprika)
* Sal al gusto
* Aceite de oliva
* ½ cebolla blanca, picadita
* 8–10 dientes de ajo, cortados en láminas
* ½ taza de vino blanco seco
* 2–3 ramitas de tomillo fresco
* 1 taza de crema de leche
* 50 g de queso parmesano rallado
Preparación
Comienza sazonando 1½–2 lb de pechuga de pollo cortada en escalopines con 1 cdita de hierbas italianas, 1 cdita de ajo en polvo, 1 cdita de cebolla en polvo, 1 cdita de paprika y sal al gusto. Mezcla bien para que todas las pechugas queden cubiertas con los condimentos.
Calienta un poco de aceite de oliva en una sartén grande a fuego medio-alto y agrega las pechugas de pollo. Cocina por ambos lados hasta que estén bien doraditas. Retira de la sartén y reserva.
En esa misma sartén, agrega ½ cebolla blanca picadita y 8–10 dientes de ajo cortados en láminas. Sofríe a fuego medio hasta que la cebolla comience a ablandarse y el ajo esté fragante, cuidando que no se queme. Incorpora ½ taza de vino blanco seco y desglasa la sartén, raspando bien el fondo para aprovechar todo el sabor que dejó el pollo. Deja reducir durante 2–3 minutos.
Agrega 2–3 ramitas de tomillo fresco y 1 taza de crema de leche. Mezcla bien e incorpora 50 g de queso parmesano rallado. Cocina a fuego medio-bajo, moviendo hasta que el queso se integre y la salsa comience a espesar ligeramente.
Devuelve las pechugas de pollo a la sartén, junto con los jugos que hayan soltado, y cocina durante 1–2 minutos adicionales o hasta que estén completamente cocidas, bañándolas bien con la salsa.
Sirve inmediatamente, con bastante salsa por encima, y acompaña con lo que más te guste.
Notas de AranCooks
Sobre el ajo: Sí, son entre 8 y 10 dientes, y no, no es un error. Al cocinarse lentamente, el ajo pierde parte de su intensidad y aporta un sabor delicioso a la salsa. Eso sí, evita que se queme porque puede amargar la preparación.
Sobre el vino blanco: Utiliza preferiblemente un vino blanco seco que también te guste tomar. No tiene que ser costoso, pero sí uno de buen sabor. Déjalo reducir antes de agregar la crema para concentrar su sabor.
Sobre la crema: Una vez agregues la crema de leche y el parmesano, mantén el fuego medio-bajo para evitar que la salsa hierva demasiado fuerte o se separe.
Para acompañar: Mi recomendación es servir este pollo con puré de papas cremoso, pasta o arroz blanco. Cualquiera de estas opciones es perfecta para aprovechar hasta la última gota de salsa.
Y recuerda que aquí siempre medimos con el corazón. Si quieres agregar un poquito más de ajo o parmesano, yo no voy a ser quien te detenga.





